JIM THOMPSON: EL ASUNTO ES DESTRUIR EL SUEÑO AMERICANO

 Aquel que no miró a los ojos del asesino, sino que nos convirtió en él. Americano de sangre india, comunista ¿tal vez?, adicto, da igual a qué, secuaz incondicional, sacude el género de la literatura de thriller que se había alimentado durante décadas de detectives cultos y suposiciones en la más clara tradición inglesa. Remilgados, como estirados de los pelos, da igual de que parte de la anatomía. Nunca me interesaron mucho los personajes de Agatha Christie, mostraban cualidades de superdotados en la resolución de enigmas que estaban muy lejos de la realidad perentoria de cualquier humano consciente de su cualidad de ser pasajero, transitorio.
 Tampoco Thompson escribe sobre varones hechos de una sola pieza. Incorruptos, duros y estoicos al estilo de Philip Marlowe y Sam Spade, que llenaron de negritud la novela con el manto de la realidad social, estos en el lado americano.
 Tampoco describían una realidad social, digamos que curiosa, como la española. Nada que ver con “el cocinero “ Carvalho,  de Manolo Vázquez ni con el callejero de Toni Romano de Juan Madrid. Ni mejores ni peores, Thompson hace protagonistas a perturbados y se atreve a describir sus atrocidades usando casi siempre la primera persona. Aquí no existe, ni intento de matizarlo ni de encubrirlo, ningún amago de sentimentalismo, todo acaba en la trituradora.
 Territorios de polvo para escarmiento de seres que se tropiezan con un asesino, alguien dispuesto a aniquilarte porque le estorbas, a veces no es odio personal, sólo estás en el sitio equivocado a la hora inoportuna. Pasajes solitarios, poblaciones escasas de personal, juventud nómada con un padre que fue Sheriff en sitios telúricos para el cine como Oklahoma, Nebraska o Tejas, que luego Jim hizo protagonista: al progenitor y a los lugares y los lugareños, a través de su novela negra americana.
 Con un cierto pose de haber vivido la existencia, Thompson no es un novato en la literatura. Se pone a escribir y a intentar publicar algo a los 43 años, o sea, que algo había corrido ya. Para llegar a escribir un puñado de novelas concisas, violentas, debió de aprender de la vida diversos oficios alimenticios, a veces en poblados de mala muerte, donde alcohólicos y gente de dudosa reputación veía transcurrir su existencia sin ninguna salida edificante. Poso suficiente con que el ir llenando el cerebro de futuras historias.
 Siempre me ha llamado la atención de Thompson que regularmente escribe en 1ª persona, describe un mundo opresivo de personajes determinados por el contexto social y que sus asesinos, no tienen el menor reparo en hacer lo que ejecutan, y desde luego ningún remordimiento moral. ¡Era lo que había que hacer!
 Echando cuentas, uno puede darse con el detalle que los hermanos Cohen y Tarantino han debido de leer sus obras, o parte de ellas, es imposible no asociar ciertos acontecimientos y paisajes polvorientos en sus páginas, que unos y otro no plasmasen más tarde en el cine. Seres desorientados por su entorno, con dudosa moralidad y una realidad que dista mucho de serles útiles. La ciudad o el contexto son unos personajes más, tan importantes como el narrador de la historia.
 Si uno ha leído a Thompson, lo primero es que lo asocia con la narrativa de thriller o la denominada novela negra. Es correcto, pero el desencanto social, económico, que transcurre en el periodo de entreguerras ( 1914 – 1918 – 1940 – 1945 ) unido al crack de la bolsa en 1929 también tiene cabida en la obra del escritor americano. Yo empecé por las, tal vez, más conocidas, aunque hay que decir que no es un autor mayoritario, ni mucho menos, pero su radicalidad de una sociedad americana carcomida por los destellos de “arreglar el mundo” a base de bombas y de instauración democrática, en la idea errónea para mí, de que lo que aquí se supone que funciona, debe de ser útil en otras partes del Planeta, como que no.
 Por eso sería altamente recomendable que antes de meterse en las páginas de la 1ª publicación de Thompsom, Aquí Y Ahora -1942, uno haya podido desarrollar otras imágenes de la prosa del escritor, siempre duro y conciso, pues puede descolocarle que tras la fachada impecable y hasta hogareña que proyecta California tras la 2ª Guerra Mundial, subyace una serie de parias que no pueden acceder a las soleadas playas, practicar surf y mucho menos tomar los rayos del astro que nos ilumina como diminuto Planeta. Sus preocupaciones son otras mucho más rudimentarias, prácticas diría, como tener alojamiento, calentar el estómago y por qué no, poder tener en los bolsillos unos centavos con los que tomarse unos tragos, aunque sea sólo el fin de semana.


 Fascinado, enfermo de vergüenza, contemplé la conclusión del espectáculo, pensando en las dotes de observación y estudio que estaban en su transfondo; en lo terrible que resulta criar a los hijos en la pobreza y el odio; en cómo algo que tendría que ser dulce y hermoso para Jo no era sino una farsa indecente.


AQUÍ Y AHORA .- 1942 .-
 Desolación y miseria, eso es lo que ocurre cuando los especuladores de turno, vía Bolsa y mercados, vía guerras, donde siempre morimos los mismos y los ganadores nunca somos nosotros, son otros los que se atribuyen el éxito y el reparto del botín, aunque éste último sea tú alma.
 Aquí Y Ahora desmonta el escenario donde los tramoyistas se quedan delante del escaparate: desnudos y compuestos. Ni siquiera con la demagogia barata y falsa de ”victoria” se puede sentir uno orgulloso, de qué, de estar vivo para seguir alimentando un sistema corrupto. Una familia, como otra cualquiera, trata de seguir adelante, que consiste en poder dormir todas las noches en la misma cama, a poder ser con el estómago lleno y no vacío de promesas y de unos trabajos inestables, mal remunerados, la nueva centuria trajo esclavos con coches de 2ª mano, viviendas ruinosas, escasos alimentos, deficitaria educación e inexistente cobertura social y sanitaria. Y todo esto, sucede en el lado vencedor, ¡ imaginen en el perdedor…!. La soleada California post II Guerra Mundial dista mucho de ser idílica, y Thompson no se guarda casi nada en el rodillo de su vieja máquina de escribir, Aquí Y Ahora nos desarrolla los sufrimientos y ahogos por salir adelante en tareas diversas en forma de trabajos hasta acabar condenado en el almacén de una cadena de montaje para aviones de combate.
 Noches de insomnio, de malas relaciones íntimas, familiares, y todo por no poder cumplir algunas tareas elementales, como poder respirar a gusto y con comida en la refrigeradora. Retrato del submundo en unos Estados Unidos muy alejados del sueño americano, el país de las oportunidades y que ignora a los más desafortunados, ahuyentados del bienestar, esclavos del sistema, de una idea que no les da refugio y sí muy escasas oportunidades.
 Jimmie convive con su mujer, Roberta, sus hijos: Jo, Shannon y Mark y su madre separada de su progenitor que habita en otro estado. Hubo una época antes de formar su propia familia en la que malvivían en una casucha enclavada en el corazón de la West Main Street, en Oklahoma City, un barrio de lo más tirado, mientras el padre se encontraba en Texas ultimando la construcción de un pozo petrolífero. El mismo, Jimmie, también estuvo 2 años en dicho trabajo, antes fue botones en un hotel, vivía y bebía mucho mientras intentaba matricularse en la facultad, su sueño siempre era escribir y mandar relatos cortos a diversas revistas con la esperanza de que se los publicasen y ganar unos dólares. Hasta que conoce a Roberta en un baile, se enamoran y queda embaraza, tan viejo como la tos, siendo apenas unos críos, de ahí a subsistir todo es un paso, mientras tanto Thompson, tal vez con signos inequívocos de autobiografía, nos desarrolla toda una trama de desolación, pero también de esperanza.


 Roberta estaba en el umbral. Tenía los pechos al aire y la falda del camisón subida hasta las caderas. Pero yo estaba absorto en mis pensamientos, y es frecuente que Roberta duerma de ese modo, cuando hace calor, con la falda del camisón por el ombligo. Sus pechos son tan opulentos que la tela del camisón le molesta, según parece; a la vez, le gusta yacer con las piernas muy abiertas, así que suele dormir de esa forma. Más de una vez le he preguntado por qué duerme con camisón, ya que lo deja todo a la vista. Roberta dice que porque tiene frío, y es posible que sea verdad. Aunque nunca se lo he dicho, yo más bien pienso que lo hace porque en su caso la coquetería es un arte.


 Era una 1ª obra "sociológica" muy ambientada en su biografía. Lo que publicará de aquí en adelante y caerá en mis manos será la narrativa por la que soy adicto a Thompson, esos personajes pétreos, duros, ajenos a casi todo que no les convenga que se colacan una tela de araña alrededor para pasar lo más desapercibidos posible y sacudir certeros zarpazos en pos de su estabilidad, de sobrevivir en un entorno que les es estéril, inútil en muchos casos y de los que se consideran muy alejados de los planteamientos sociales al uso.


 No hay detective ni investigación, y la autoridad suele ser, precisamente, el asesino.


EL ASESINO DENTRO DE MÍ .- 1952 .-
 ¿ Qué sucede cuando el que tiene que cuidar del rebaño, velar por él, es el lobo? Algo parecido sucede en esta novela de Thompson, el sheriff Lou Ford mima su clientela, que no es otra que la ciudadana desde dentro de la “ley y el orden”; con su placa, su uniforme, a veces se atreve a ir sin arma, en un alarde de magnificencia, siempre amable y tranquilo, esconde un psicópata de mucho cuidado que arrastra su esquizofrenia galopante matando, asesinando a cuanto ser le molesta.

 Había terminado el pastel y estaba tomando la segunda taza de café cuando le vi. Pocos minutos antes había llegado el tren de mercancías de medianoche; el sujeto andaba fisgando por una esquina de la ventana del restaurante, la más cercana a la estación, con una mano a guisa de visera y con los ojos entornados para que la luz no le cegase. Se dio cuenta de que le observaba y desapareció en la oscuridad. Pero yo sabía que continuaba allí, al acecho. Los vagos siempre me toman por un tipo fácil de despistar.
 Encendí un puro y me levanté. La camarera, una chica nueva de Dallas, me miró mientras me abrochaba el abrigo.
-     ¡ Vaya! Pero si ni siquiera lleva revólver – dijo como si me diese una gran noticia.
-     No – sonreí - . Ni revólver, ni porra, ni nada que se le parezca. ¿Para qué?

 Duro y descarnado, Lou Ford caminará con paso firme por todas las páginas manteniendo a raya “su enfermedad”, hasta que la esquizofrenia se hace palpable y domina sus actos. Descarnado, nada sutil, irá enfrentándose a sí mismo y explotando su carácter en forma de asesinatos. Jim Thompson  no detalla desde dónde, cómo y para quién escribe el narrador Lou Ford el manuscrito de El Asesino Dentro De Mí, en un momento determinado acontecen hechos terribles y escabechinas seleccionadas sin ningún manto de arrepentimiento moral o ético, ninguna disección intelectual y jamás justificación.
 Carreteras polvorientas, oleoductos, una población media y algunos personajes que se cruzan en la vida diaria del sheriff Ford, y para desgracias de éstos últimos acabaran con sus huesos en tierra, desde el inocente Elmer Conway, Joyce Lokeland, Johnnie Pappas, Amy Stanton… ¡que mala suerte!



Los padres son gente pintoresca.
Cuanto mejores son, más insoportables se vuelven.



Guionista.-  Jim Thompson me empezó a llamar la atención su nombre porque firmaba varios trabajos como artífice de películas que me han marcado y sigo viendo a menudo, a saber, Atraco Perfecto – 1956 y Senderos de Gloria – 1957, de Stanley Kubrick, y eso para mí era un aliciente añadido meterme en su obra literaria. Pero es que hay más, films antológicos de la mano de Sam Peckinpah como La Huida – 1972 o años más tarde Los Timadores – 1990 Stephen Frears. Todas estas películas llevaban su firma, aunque algunas no las pudiera ver, pero se basaban en sus novelas o firmó los guiones de las mismas.
 A fin de cuentas, cuando Hollywood llamó a su puerta, Thompson contaba con 50 años y no llegó a vivir de lo que pudiera darle la gloria cinematográfica, pero a mí me supuso el conocerle y entrar en una digestión atragantada de su literatura de thriller. Alguien con los títulos mencionados llevados a la pantalla, que menos que leerle.
 Las primeras novelas editadas de Jim Thompson salen en plena época del macartismo, es decir entre 1950 – 56, antes editó en la década de los 40 varias cosas en la tradicional edición de tapa dura, narrativa que iba dentro y fuera del género negro, ventas en su mayoría en quioscos de prensa. Así pues, cuando coge aire, antes de los eventos cinematográficos en forma de guionista, Thompson es capaz de pulir su estilo y deleitarnos con varias obras salvajes, duras, escépticas, y desde luego, sin ninguna elegancia de cara a la galería.



Nunca nada es lo que perece



NOCHE SALVAJE .- 1953.- 
 El argumento es viejo, o tal vez no tanto, estamos en la década de los 50, unos años antes James M. Cain publicó El Cartero Siempre Llama Dos Veces – 1934, y hago mención en ella porque hay pasajes que me recuerdan a ésta.
 La trama es sencilla y eficaz: Charlie Little Bigger, es un tipo pequeño, la policía no tiene nada más que pequeños esquejes de cómo es. Dibujos, más bien de su aspecto. Es acusado de varios desmanes en forma de crímenes, unos 16 se le atribuyen. Bien, pues El Hombre, alguien que se me mueve en las sombras, le contrata con el fin de aniquilar a otro ser desastroso, que al parecer debe de declarar ante el gran jurado, comprometiéndole seriamente. Se ha pensado que el pequeño Bigger se acerque a donde habita y se lo cargue con el fin de que no pueda dar su testimonio.
 Cuando nuestro asesino llega a la pequeña población de Peardale, se hace pasar por estudiante, ayuda su anatomía escueta, su cara de bonachón e incluso adolescente. Se matricula en la Universidad con el fin de integrase en la población y consigue trabajo por las noches en una tahona. Todo marcha regular hasta que (y ahí el parecido con la novela de Cain, se lía la esposa del tipo que debe aniquilar), además existe otro ser extraño, Ruthie, una chica con deformación en un pie, que realiza las labores de cocinera y camarera de pisos, y que acabará teniendo una importancia a lo largo de la novela y del final escalofriante y duro.



Los problemático de matar a alguien es que resulta muy fácil.



 Thompson mantiene muchas zonas oscuras, franjas inaccesibles para el lector, de duda permanente, hacia afuera pero también hacia adentro. A fin de cuentas, Winroy, el tipo que debe de cargarse, es un ser cargado de imbecilidad y alcoholizado, que no pudo soportar la cárcel, y con su silencio y su seguridad garantizado, decidió salir antes de declarar en el juicio contra El Hombre, algo relacionado con las apuestas de caballos, donde se mueve mucho dinero. Tampoco Bigger anda sobrado, sabe que está caminando por el filo de una navaja y éste es muy fino, a fin  de cuentas en el pasado traicionó al Jefe y es muy improbable que logre salir de esta con vida, aunque consiga efectivamente realizar el trabajo con éxito.
 Los lados oscuros, las diversas aristas del relato de Thompson te mantienen a la expectativa del desarrollo final, que desde luego no es muy previsible. Siempre efectivo, duro, nada se hace de cara a la galería ni a quedar bien, aquí, los happy endings, no existen. Su forma de ejecutarla acaba por volverse demasiado hermética u opaca, tanto como para convertir la incertidumbre en perplejidad y la tensión en desconcierto. Tal vez ahí radique la gracia, en el aguijón de la avispa.



 Al cambiar de trenes en Chicago cogí un leve resfriado, y los tres días que pasé en Nueva York – tres días de chavalas y borracheras a la espera de ver al Hombre – no me ayudaron nada. Cuando llegué a Peardale, me encontraba fatal. Por primera vez en varios años, en mis esputos había ligeras trazas de sangre.


 El género negro bien llevado y escrito, puede estructurar una crítica feroz a la sociedad contemporánea en la que se desarrolle el argumento, Thompson no es ajeno a ello y lo aplica muy bien en varias de sus novelas. Si en 2 de los textos comentados anteriormente: El Asesino Dentro De Mí y Noche Salvaje, se sirve de unos psicópatas, uno al lado de la ley y del cual debemos de “fiarnos”, se supone que está para protegernos por aquello de que pagamos impuestos y demás zarandajas, pero deja al descubierto las muchas grietas que “el sistema” tiene y por el que se cuelan demasiadas averías; en la otra, simplemente alguien no quiere ensuciarse sus manos de sangre y barro y contrata a un pequeño paría para realizar el encargo. En ambas, la cazurrería sureña sale a relucir. Es en 1280 Almas en la que Thompson da un paso adelante y prosigue la narración en 1ª persona y agudiza más los sentidos de la sociedad en la que se mueve.

 ¿Tú crees? ¿No somos todos relativamente inanimados, George? ¿De cuanta libertad disponemos? Se nos controla por todas partes, nuestra estructura física, nuestra estructura mental, nuestro pasado; se nos moldea a todos en sentido concreto, se nos determina para desempeñar cierto papel en la vida y, George, lo mejor es jugarlo, llenar el agujero o como mierda quieras llamarlo, porque si no se nos derrumbarían los cielos y se nos caerían encima. Lo mejor es hacer lo que hacemos, porque si no, ocurrirá que nos los harán a nosotros.


 Para escribir bien habrá que haber vivido lo suficiente y saber de qué va el asunto. Jim Thompon va sobrado de estas cuestiones, a su origen de sangre cherokee por parte de su madre, se une el whisky en vena consumido por un padre pendenciero, que al igual que el autor, tuvo diversos trabajos que iban desde sheriff corrupto a empresario manirroto. De todo aprendió y vivió, no en vano apenas consiguió mantenerse con lo que escribía y llegaba a publicar. Ciudades, mujeres, diversos oficios, alcohol, bares y algunas desintoxicaciones, han dado para novelas excelentes donde el enredo humano es real, o sea, diverso, difuso, donde el mal y el bien depende del prisma con que cada lector sepa ubicarse.


 Tengo algo que venderle que es mucho más interesante que el silencio.


LIBERTAD CONDICIONAL .- 1953 .-
  A veces la cosa tiene truco, eres un personaje manipulable por otros individuos que sacarán partido de tu necesidad. ¿Para que van a sacar de la cárcel a Pat Cosgrove, donde lleva 15 años por un atraco a mano armada, además frustrado?
 Eso mismo se pregunta nuestro protagonista, el narrador convierte al delincuente en víctima en base a unos informes de un psicólogo que no ejerce y que tiene connotaciones claras con un abogado y un senador en horas bajas. Thompson retuerce el argumento, siembra las dudas necesarias en el fácil manipulable de Cosgrove, apenas un muchacho cuando es encarcelado y sólo maleable por su larga estancia en prisión, apenas sabe nada del mundo exterior, de sus madejas y rizos. Nada es lo que parece, ahí su encanto de Libertad Condicional, lo que hace que sigas cada página con verdadero interés de saber qué ocurrirá más adelante.
 A fin de cuentas como irá averiguando nuestro reo puesto en libertad, todo formará parte de un plan para estafar un montón de dólares a una empresa de seguros y él ha sido elegido para un papel estelar que no será precisamente grato; pero la vida da muchas vueltas, y en ocasiones te conviertes en león antes que cola de ratón.


  Eso ya no se encuentra a menudo… Ese tipo de orgullo, quiero decir. Hoy en día, la gente se vuelca en empleos rutinarios y del tres al cuarto. Todos los oficinistas aspiran a ser presidentes de la compañía. Todos los vendedores de los grandes almacenes aspiran a ser jefes de sección. Todos los camareros y las camareras aspiran a convertirse en cualquier otra cosa. Y todos están empeñados en hacértelo saber, toda esa maldita tropa de holgazanes y de insolentes, de balas perdidas y de gente a la que nada le importa. No saben hacer bien su trabajo, así se niegan a hacerlo. Eso sí, algún día van a conseguir algo mejor.¡Lo mejor de todo! Lo van a conseguir como sea y, entretanto, se trata de hacer lo mínimo posible y de pillar cuanto más mejor.

 No creo que andemos buscando nada, Dillon. Más bien creo que tratamos de no buscar.


LA MUJER ENDEMONIADA.- 1954.- 

 Eres joven, si se puede llamar joven a alguien de 30 años, y fuerte. Has estudiado. Y pese a todo eso las cosas indican que no vas a ir mucho más allá... A lo mejor es  que tienes demasiadas ambiciones.  Puede que ese sea el problema. Que no estás dispuesto a emplear 40 años en llegar de botones a director. Así que fichaste por una empresa que vendía revistas y anduviste de puerta en puerta, y de costa a costa. Y trabajaste en eso hasta que encontraster otra coas mejor, o que parecía mejor.
 Nací en Nueva York, hace 30 años, de padres pobres pero honrados, y desde que puedo recordar he tratado de convertime en alguien. Pero desde que puedo recordar, siempre había alguien que trataba de ponerme las cosas difíciles. La chica con la que estaba casado, Joyce, no vivía en este mundo
 Un día tuve que entrar en la casa de la señora  Farrell y allí conocí a Mona. Yo iba vendiendo o eso pretendía, trabajaba para los almacenes  " compre ahora y pague después ". Pero luego me enteré que la joven era prostituida  por la vieja de la mansión... y aquello empezó a tomar forma, porque en la vieja casa se escondían 100.000 $ como te confesó la muchacha.
 Existían varios problemas para hacerse con ellos, claro. No sólo de logística. Estaba mi mujer, Joyce,  que a veces desaparecía y mi jefe de almacén: Staples, aparte de que si se dejaban cadáveres, lo normal es que apareciese la policía.



 EL EXTERMINIO .- 1957 .-
 Compleja novela y estructura complicada. Está vez Thompson nos sorprende con una narrativa coral donde lo importante no es saber el final, sino cómo transcurre el desarrollo de la trama y los porqué de cada uno de los protagonistas a los que asistimos en sus soliloquios con sus razones y dudas.
 Giro absoluto en cuanto a la literatura del escrito americano.  No se muestra tan despediado como en anteriores entregas, más conceptual e incluso me atrevería a sugerir que profundo, en cuanto que se mete en los meandros interiores de personas normales instaladas en una pequeña población, y de las cuales unas cuantas tienen motivos suficientes para cargarse a Luane Devore, pero la intriga está sumamente ingeniosa en cuanto consigue atrapar pasiones ocultas, celos, historias: unas pasadas y otras posibles, con las que ahora alambica un relato coral que siendo desigual en su resultado final, es muy completo para entender cuál era la opinión que tenía sobre sus semejantes.
 El exterminio se desarrolla en Manduwoc, un pueblo costero venido a menos situado a unas pocas horas en tren de Nueva York.  Curiosamente el censo de personas que habitan en tan singular espacio es de 1280, lo  cual no deja de tener su aquel de singularidad con su novela posterior, publicada en 1964. Thompson nos coloca a 12 personajes, les da voz en 1ª persona, cada uno de su pelaje y condición social e intelectual y nos sitúa ante el tejemaneje de cada cual en la pequeña población costera.
 No es una de mis novelas preferidas, quizás va en demasiada direcciones, nada que ver con otras grandes donde ahonda mucho más en personajes y situaciones, apenas 3 en su mayoría, pero no deja de tener su diversión y sobre todo, a su realismo pegado a pie de calle, sobresale a mi juicio el canto coral de la misma, dotándola de una singularidad peculiar en su narrativa.


 El siguiente texto, La Huida, llevada al cine por Sam Peckinpah, y quien haya visionado el film y leído el libro, tienen cierto parecido, pero parte del inicio, trama, desarrollo y final no tienen nada que ver. Aunque ambas, a mí juicio, son obras maestras, pero diferentes.

 En otra época habrían sido piratas, corsarios o soldados mercenarios. Su desgracia, y quizás la de la nación, era que habían nacido en una civilización que insistía en la conformidad y que no perdonaba ninguna ruptura de sus leyes, sin tener en cuenta las necesidades y motivos de cada uno.


LA HUIDA.- 1959.-
 La larga travesía de vivir dentro del sistema pero sin creer en él, aprovechándose del mismo en una búsqueda constante de ir más allá, de estirar la cuerda tanto como pueda dar de sí. Aun a riesgo de romperse, Thompson es un escritor al límite, con un ritmo certero nos presenta a un tipo sin fisuras, encantador y criminal calculador, que ha pasado una larga temporada en la cárcel y de la que no volverá pase lo que pase en su transcurrir cotidiano, y que tiene por oficio: atracador de bancos.
 Doc McCoy tiene 36 años y un linda esposa, Carol Ainslee, menor en edad que él, y por la que buscará hasta el final dar un golpe definitivo que les aleje del mundo del hampa, o mejor sería decir, del laberinto de coger dinero de los lugares en los que la gente normal suele depositarlos.
 McCoy no está  dispuesto a pasar otros largos 7 años en la cárcel y esperar que la bella e inteligente de su mujer, Carol, le esté esperando. Aunque ella ha realizado, digamos técnicas poco morales con el juez que instruye su caso con el fin de que su marido salga antes, intentará no ser descubierta por Doc. Ambos planean el robo de una sucursal bancaria en una pequeña ciudad en el estado de Texas, y juntos, con un pistolero algo psicópata, normal en los personajes de Thompson, llamado Rudy Torrento, llevar acabo dicho trabajo.
 Ni que decir que el asunto se complica, entre otras cuestiones elementales en el ser humano, como la codicia y la traición, lo cual nos llevará por sus páginas a una odisea en busca de la libertad que les pueda dar el botín obtenido.
 En una América más avenida a las apariencias que otra cosa, se recrean personajes secundarios interesantes que lo único que hacen es reforzar la trama y dejarnos una obra excelente de búsqueda constante en el interior del ser humano, con sus anhelos, sus dudas, y por qué no, sus deseos satisfechos.



Crónicas urbanas.- No sólo Thompson se ha dedicado a escribir y dejarnos un reguero de personajes cazurros, medio idiotizados pero con unas mentes criminales estupendas. También es capaz de crear atmósferas de road-movie como La Huida, y centrarnos en seres urbanitas que deambulan en el lado fronterizo de las leyes en busca de un mejor acomodo para sus vidas de parias.
 Cosmopolitas de Los Ángeles, como su siguiente obra, la excelente Los Timadores, donde su visión, implacablemente sombría, encaja de manera excelsa en estos tiempos del siglo XXI tal vez mejor que a mediados de los ingenuos 50 y los happy days flowers de la década de los 60. Thompson, enorme escritor, tampoco es Cervantes, ni Saramago ni pretendía llegar a Shakespeare, deja una respuesta melancólica a las nuevas generaciones de lectores  que como siempre suele ocurrir, se le valora más una vez fenecido que en vida. Su crueldad, no falto jamás de un humor socarrón, aunque no elude escenas y temas escabrosos, supo deambular por las aceras y aristas de las calles de la vida y meter el dedo, la pluma en este caso, en el núcleo tan esencial de donde todos venimos, esa institución sacrosanta que es la familia.




¿En qué momento se había producido aquella desviación de la humanidad, capaz de mezclar copas con una mano y lanzar bombas con la otra?



 LOS TIMADORES .- 1963 .-
 Relato corto y conciso basado en 3 personajes, o lo que es lo mismo, lo que Thompson entiende por relaciones familiares, como institución, digamos, peculiar.
 Entorno urbano, metrópolis de Los Ángeles, timador joven y experto que ha sabido buscarse la vida en garitos de paletos o jóvenes distraídos, que tiene una existencia convencional como comercial, que se llama Roy Dillon; hijo de una mujer que lo engendró en su pubertad y del que se tuvo que hacer cargo pese a su pesar, Lilly: timadora de altos vuelos para un hampón en las apuestas de caballos. Para cerrar el triángulo, una bella y encantadora de serpientes, Moira Langtry, novia o algo parecido de Roy, y con la edad de su madre.
 Thompson pule el estilo, narra de forma impecable y cuida los detalles y matices, enriquece el lenguaje, sin perder un ápice de sus directos, como el boxeador que juguetea con sus pies hasta ver el ángulo perfecto y lanzar un puño perfecto al mentón de su oponente. El trío se desenvuelve entre sombras y claros, sus relaciones parecen superficiales, pero buscan y a veces hallan rendijas por las que colarse alguna verdad, algo tangible en unas existencias acostumbrados a disimular, a no querer ver la realidad de lo que le rodea, a  controlar, o intentar más bien, las circunstancias y los sentimientos de cada cual.
 A las gélidas vidas con la que se desenvuelve el trío, siempre separado, se une una cierta motivación erótica y un planeo de incesto. A fin de cuentas viven del timo corto, la estafa, el juego sucio, y aunque ninguno es criminal en su fin, merodean las aristas del hampa y el lumpen más cercano, el callejero, el de bareto y apuestas para otros de las carreras de caballos, si no saben poner el límite, pueden acabar en el arroyo, y todos sus sueños, si es que tenían alguno, de llevar otra vida, digamos que convencional, se les escapa en el último envite de una carta.
 Thomson nos regala una novela diferente, muy centrado en sus 3 personajes, con sus dudas, alegrías, esperanzas… es decir: la vida. Sólo la marginalidad buscada como método de subsistencia, no por azar, pues ser del montón parece repelerles. Los Timadores, llevada al cine por Stephen Frears en 1990, contó con un reparto sembrado: John Cusack, Angelica Huston y Annette Bening, para dejarnos un film clásico y en color, sobre un texto excepcional.




1280 ALMAS .- 1964 .- 
 Descripción en 1ª persona, narración que se inmiscuye en la mente perversa y psicológica del sheriff Nick Corey, un tipo violento, despiadado, con un manto de cazurro sureño como telaraña para pasar desapercibido. Todo su empeño dedicado a la manipulación de los demás, con el fin de conseguir seguir siendo el jefe de la policía de Potts Country en las próximas elecciones a celebrar en breve. Tampoco parece que el resto del rebaño del que debe de cuidar, 1280 personas que viven en dicho pueblo, “ los negros no cuentan pues no tienen alma”; sean mucho más avispados que él, pero Corey ejerce una maldición sobre sí mismo: es duro, convincente y sabe utilizar su revólver, casi haciéndote un favor, para instaurar sus deseos y que coincidan con el “ bien general”.

 Bien, señor, el caso es que debería haberme encontrado a gusto, tan a gusto como un hombre puede encontrarse. Porque allí estaba yo, el jefe de policía de Potts Country y ganando al año casi dos mil dólares, sin mencionar los pellizcos que sacaba de paso, por si fuera poco, tenía alojamiento gratis en el segundo piso del Palacio de Justicia, el sitio más bonito que un hombre pueda desear;  hasta tenía un cuarto de baño, de manera que no me veía en la necesidad de bañarme en un barreño ni de ir a un lugar público, como hacían casi todos los del pueblo.

 Nick Corey vive junto a su mujer Myra y el hermano de ésta, Lennie, una especie de voyeur que se dedica a espiar por las ventanas de los vecinos a cuanta mujer se le pone en el ojo. Ni el uno ni la otra sienten ninguna admiración por el sheriff, ni éste por ninguno de los dos. No los necesita, pero se acomoda al juego burlón de estar socialmente aceptado. Su apariencia de lerdo, vago, taciturno, hace creer a los demás lo que ven, pero tras esta capa de dejadez se esconde un auténtico manipulador, un hombre despiadado y violento que dedica todos sus esfuerzos a enredar a los demás, a buscar ayuda en otros seres que le hagan el trabajo sucio, pero que llegado el caso, Corey es muy capaz de  eliminarlos. Y ahí radica la gracia de esta obra maestra del género negro, 1280 Almas, sin que en ello vea nada de inmoral ni tenga a bien cuestionarse, si es correcto o no lo que hace, simplemente se ejecuta y se acaba con el problema. Pragmatismo llevado a sus últimas consecuencias.

Y no había ni uno entre aquellos jovenzuelos que valiese la mierda que cagaba.

 Jim Thomspon retrata a psicópatas, alcohólicos y algún desesperanzado con el destrozado sueño americano a la perfección, en unos Estados Unidos sureños, desde luego muy, muy lejos de la ilusión de la vida del americano medio, y nos deja una soberbia novela, corta y concisa, fácil de leer sin sacar juicios de opinión de antemano, como es 1280 Almas, eso sí, no es para todos los estómagos, pero es un delicia de thriller.



 Tenía los ojos bien abiertos y miraban fijamente. La maldad había desaparecido de ellos, pero el miedo que había ocupado su lugar era mucho peor. Tuviera la muerte el aspecto que tuviese, estaba claro que a Tom no le había parecido nada bueno.
  



BIBLIOGRAFIA SELECCIONADA




AQUÍ Y AHORA .- 1942

EL ASESINO DENTRO 
DE MÍ .- 1952

NOCHE SALVAJE .- 1953

LIBERTAD CONDICIONAL .- 1953

LA MUJER ENDEMONIADA.- 1954

EL EXTERMINIO .- 1957

LA HUIDA .- 1959








LOS TIMADORES .- 1963

1280 ALMAS .- 1964









Sin importar dónde estuviera estar viviendo, sus novelas se aferran a sus tres escenarios habituales: Oklahoma, Nebraska y Texas.


ARTE SALVAJE.- 2014.- ( Robert Polito).-
 El autor bucea en la vida y obra de un ser atormentado. El de Boston busca y halla las huellas indelebles de una existencia enfermiza en la escritura del tipo que era hijo de sheriff y vividor, cuestión que con el paso de las décadas degustó en su misma persona, quizás porque las astillas nunca caen muy lejos del tronco, en este caso familiar.
 Ese coqueteo con el whisky de marca y los cigarrillos Pall Malls lo llevaría Thompson hasta el finiquito de sus días.



 Pero, por el momento, el escritor de los trabajadores seguiría siendo un trabajador más.


  No hay que asustarse por las casi 600 páginas que componen el texto, muy ameno de leer y seguir la trayectoria de Thompson, Robert Polito divide el asunto en tres grandes momentos de la vida del escritor americano, a saber: los puros productos de América, el duro viaje y los ministros del mal, y departe de esos Estados Unidos antes de convertirse en la gran potencia económica que descubre una nueva dimensión tras la II Guerra Mundial. Pero donde existen unos sesgos, rasgos, de gentes marginales, esa que Jim Thompson a lo largo de su fructífera vida literaria nos muestra en los diversos personajes descritos en sus novelas, abundantes, pero siempre marginales, en las orillas de los márgenes del éxito, siempre esquivo con él.
 Sus avatares, sus desgracias, sus melancolías, sus descensos a los infiernos constantes, sus relaciones familiares, siempre fallidas, las frustrantes equivocaciones cuando ya casi consagrado no consigue rehacer su longeva carrera literaria siendo un simple escriba a sueldo del salvaje Hollywood.
 Nunca hubo encanto en su vida, más bien un carcelario en su propia celda. Ni glamour pese a estar o figurar en películas que adoro, sean como guionista, siempre ninguneado en Senderos De Gloria o Atraco Perfecto, ni en films en los que pudo basarse grandes obras suyas, sean Los Timadores,  1280 Almas o La Huida.


 Las cosas no son lo que parecen


 Si Jim Thompson hubiera fallecido antes del otoño de 1952 ( macerado en Jack Daniels, ahumado en Pall Malls y quemado a los 46), actualmente sólo se recordaría en un puñado de incipientes notas a pie de página, y poco más, para qué engañarnos. Su vitalidad literaria y sus excesos en los textos, guardaban un ser atormentado que no daba con la tecla para poder decir que era feliz en su vida, ni familiar ni, y esto con mucho, pasados los años, en su obra. A fin de cuentas, tuvo una existencia perra y salvaje, en parte por la toma de decisiones mal tomadas y peor ejecutadas donde sólo él era el responsable, también, que las circunstancias casi siempre fueron muy por delante de su toma de sus juicios
 Lou Ford, El Asesino Dentro De Mí, hace denotar también unos cuantos mitos de la Norteamérica rural: el policía benevolente, el médico amable, la libertad de movimientos, los guardianes de la justicia, el poder y la moralidad pública son blanqueadores de sepulcros, depravados o directamente criminales en su vida privada, esa capacidad de observación de Thompson le lleva a grandes obras, lo había tenido todo y por algún motivo la nada le había parecido mejor. Eso es en parte lo que Polito trata de desentrañar a través del longevo texto.
 Antes, claro, debes de haber sido lector de la obra del americano, sino, huelga todo lo demás. Porque la radiografía que hace de América casi a través del siglo XX, no es apta para todo tipo de estómagos, como las novelas de Thompson.
 Lo mejor de Arte Salvaje, es el pulso firme de Polito, el desarrollo familiar de la saga Thompson, las complejas relaciones familiares, incluso de padres e hijos cuando éstos se convierten en progenitores, sus telarañas con las mujeres que adoraba en la vida real y asesinaba sin cuartel en sus páginas, los círculos políticos y su militancia en el lado oscuro de los obreros, sus repercusiones en su obra y a fin de cuentas, su gallardía para acometer el final, ese en el que ya ciego y solo esperando la nada, deseaba o creía, que 10 años después de su deceso, sería famoso o al menos, le llevaría a esos altares que en vida jamás vio, degustó. Casi no le falta razón.






James Myers Thompson : 27 de Septiembre de 1906 - Anadarko, Oklahoma (USA).-  7 de Abril de 1977 - Hollywood, Los Ángeles (USA)

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